«No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente,
sino la que mejor se adapta a los cambios.»
Charles Darwin

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La Bandera Argentina, desde el año 1818, posee a Inti (el Sol en quechua) que representa el Sol de Mayo (Padre Sol), que hace referencia a la Revolución de Mayo ocurrida en la semana del 18 al 25 de mayo de 1810 y que marcó el inicio del proceso de la Independencia. El 25 de mayo de 1810 se conformó la Primera Junta de gobierno, y se dice que el Sol se asomó entre las nubes de ese día nublado y lluvioso.

La luna llena del 25 de mayo de 2013 representa a Mama Killa (la Luna en quechua), por lo cual, cabe expresar que simboliza la Luna de Mayo (Madre Luna), luna llena (eclipse lunar penumbral) transitando la constelación de Escorpio.

Sol: todo lo ilumina, luz y calor. Arcángel Miguel, fe, voluntad, día.
Luna: siempre presente, luz y atracción. Arcángel Gabriel, esperanza, imaginación, noche.

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25 de Mayo de 1812 –> Bendición y Jura de la bandera

Comparto para los que no lo conocían, los detalles de ese 25 de mayo de 1812, cuando Manuel Belgrano hizo bendecir la Bandera por el canónigo Juan Ignacio Gorriti en la iglesia matriz de San Salvador de Jujuy (si no están interesados en leer los detalles gráficos, avanzar directamente hacia el Juramento resaltado en verde oscuro):

Desde el amanecer del 25 de mayo de 1812, la pequeña ciudad de Jujuy bullía de rumores y movimiento inusitados. El frenético repicar de los templos y las rotundas salvas de artillería, resonando entre las montañas que circuyen el valle, saludaban jubilosos el alba de la efemérides. Despertaba la población entre aquella música de campanas y de armas, y se echaba á la calle, apercibida para el festival que comenzaba. Saludaban los vecinos en el nombre de la Patria, sagrado para aquellos aldeanos, como el Ave María de sus portales. Por la calle de las Zegadas y por la calle de San Francisco, iba creciendo con la mañana el gentío de militares, indios, esclavos y artesanos que se encaminaban á la plaza capitular. La mañana estaba, como las almas, gloriosa de azul, sobre las calles limpias y las paredes blanqueadas del caserío. Alguna leve escarcha retardaba su cairel de cristal en los aleros y tejados. Alguna niebla desperezábase bajo el alba, sobre las nevadas cimas del Chañi…

La gente madruguera que había ido congregándose en la plaza, comentaba las fiestas religiosas de la víspera; las iluminaciones y regocijos de la noche anterior. En el atrio de la Matriz, en las arquerías del Cabildo, en la azotea de los Saracíbar, alineábanse los mecheros de aceite y las lamparillas de barro que habían ardido la noche anterior, probablemente preparadas por la industria de Antonio Cruz y de Vicente Galván que las aderezaron en las fiestas mayas de 1813. La plaza mostraba así, con su lonja consistorial y sus torres, un aspecto mágico para la población deslumbrada. El ceremonial de aquellas fiestas públicas, harto les era conocido, así á la gente de Jujuy, como á la de todas las ciudades de Indias: los onomásticos de sus reyes, el aniversario de su fundación, el día de su patrono y las pascuas, repetían cuatro y cinco veces por año, para regocijo de los vecinos, las partes del gastado ceremonial. Pero esta vez, sobre el antiguo esquema de la jura, toda la figuración se renovaba; y la presencia del ejército numeroso y de la oficialidad forastera, decoraba la fiesta con sus oros marciales.

Distraíanse los corrillos de la plaza en parlerías y conjeturas, cuando, de pronto, la cuenca del valle se estremeció con nuevo estruendo: había sonado un cañonazo y después otro, y otro; y ahora continuaba sonando. Pablo de Mena, que llegaba al Cabildo en aquel momento –y que iba, como alférez, á ser uno de los protagonistas de la fiesta–, les avisó que esos cañonazos eran las salvas con que la tropa anunciaba la salida de la Bandera nacional, desde la casa del general en jefe. Corrió la muchedumbre por la calle adyacente hacia la posada donde alojábase Belgrano, y se oyó el último cañonazo, de los quince que prescribía la ordenanza, cuando entre los ponchos rojos de los indios y las casacas azules de los militares, vieron al barón de Holmberg que avanzaba en mitad de la calle, seguido por su escolta de honor, conduciendo la bandera hasta el edificio del Cabildo. Apareció el barón en sus balcones y haciéndola flamear al son de dianas, la dejó en la baranda entregada á la contemplación y el aplauso de aquella muchedumbre, que la veía por primera vez.

Los ecos de los cañonazos, las aclamaciones, los clarines, más la noticia de la Bandera expuesta á la contemplación popular, cundieron por todo el pueblo, y la muchedumbre llegó á hacerse compacta y á colmar la plaza. Todos los naturales de las haciendas vecinas, los indios de Palpalá, de Reyes, de Yala, de la Almona, de Cuyaya, llegaban á verla y se mezclaban á los niños y á los esclavos de las casas señoriales removidas hasta el traspatio por el rumor de la fiesta. Pronto comenzaron á llegar también los amos y las damas, vestidos con sus mejores paramentos, pues se acercaba la hora de la misa solemne y del Tedéum, á la cual asistiría el Cabildo, justicia y regimiento, y con ellos el propio creador de la Bandera, y el canónigo doctor Gorriti, que la bendeciría.

Pronto, en efecto, apareció Belgrano bajo el arco central del Cabildo, y empezó á andar hacia la Matriz, con su paso pausado. Un rumor de curiosidad afectuosa y admirativa electrizó á la muchedumbre. Abriéronle todos respetuoso camino, y así al cortejo que lo acompañaba. Traía vestido su frac verde y cordones de gala, su calzón corto embutido en la bota de charol; recio el mentón sobre la chorrera florecida de finos encajes. El sonrosado persistente de su tez delicada, velaba apenas una recóndita emoción. Las gentes reconocieron entre el cortejo que le acompañaba, á Pablo José de Mena, regidor alférez y alcalde de primer voto por depósito de la vara en esos días; al joven doctor Teodoro Sánchez de Bustamante, prestigioso asesor del Cabildo, que renunció á su empleo pocos meses después, por seguir á Belgrano en el éxodo; á Eustaquio de Iriarte, alcalde ordinario de segundo voto; á Lorenzo Ignacio de Goyechea, regidor alcalde; á Alejandro Torres, defensor de menores; á Mariano de Eguren, el escribano del Cabildo; al síndico procurador Manuel Lanfranco; á los alcaldes de barrio don Bartolomé de la Corte y don Martín de Rojas; y á los Portal, los Basterra, los Sarverri, los Gogenola, los Alvarado, los Iturbe, los Carrillo, los Zegada, los Chavarría, y tantos otros vecinos feudatarios ya prestigiosos en el patriciado local.

Cuando penetraron en la iglesia, que dista pocos pasos del Cabildo, la misa solemne iba á comenzar. El altar del fondo, tallado en el estilo jesuítico del púlpito que aun se conserva, elevaba su airosa arquitectura de retorcidas columnas y ángeles dorados. Su auténtica belleza, que era el orgullo de la población, predominaba entre su día de luces, al fondo de la nave obscurecida por las puertas entornadas, que el frío del invierno conminaba á cerrar. El aire estaba como impregnado de un penetrante perfume de mujer e incienso. Oíase en la penumbra religiosa el desgranar de los rosarios; el golpe de los reclinatorios y las toses que ahuecaba la nave; ó el roce como de alas fugitivas que formaban con su aligerado rumor las faldas y los siseos. Al entrar en el Cabildo, las caras femeninas se volvieron curiosas; y entre ellas hubo alguna que se volvió para mirar á Belgrano… Y mientras ocupaban sus asientos de honor, la pequeña orquesta de Pedro Ferreyra, el músico del pueblo, atacó desde el coro, con sus violines, su órgano y sus voces gangosas, la sonata de los ceremoniales de iglesia, en que siempre intervenía como maestro cantor.

Concluía la misa cuando Belgrano mandó traer á la matriz la bandera, que, conducida por el barón de Holmberg, había tremolado toda la mañana en el balcón central del Cabildo. Al ver que la sacaban para llevarla á la iglesia, hubo gran agolpamiento y rumor de pueblo en la gente que, por ser estrecho el templo, aguardaba en la plaza. Y dentro de la iglesia hubo entre la concurrencia gran emoción y expectativa, al ver que entraba el nuevo estandarte al sitio donde antes no llegara sino el estandarte del rey; y que tomándolo Belgrano por el asta, se adelantó hacia el altar en que el doctor don Juan Ignacio Gorriti, vicario de la matriz, terminaba su misa. El vicario, revestido, y volviendo la cara hacia el pueblo, trazó en el aire la señal de la cruz; y como si todos fuesen ritos de un mismo culto, bendijo, en el nombre de Dios, aquella enseña de la patria naciente. En la nave y las almas reinó entonces un silencio eterno. Subió Gorriti al púlpito –por la escala donde los indios habían grabado en tiempo de los jesuitas la escala de Jacob– y desde lo alto de aquella cátedra que su elocuencia haría histórica, explicó la significación del símbolo que acababan de consagrar.

Voces de regocijo oyéronse en el templo cuando concluyó la ceremonia. Entre la confusión del público impaciente, Belgrano volvió á entregar la bandera al barón de Holmberg, para que tornase á ponerla en el balcón del Cabildo. El pueblo, al verla salir presidiendo el cortejo, estalló, de un ángulo á otro de la plaza, en vivas estruendosos y aclamaciones formidables. La tropa señaló aquel momento con otras quince salvas de sus cañones. Con ellas promediara la jornada; y pasó la siesta entre comentarios y desfile de pueblo ante los balcones del ayuntamiento.

Por la tarde, las ceremonias de la Bandera alcanzaron su significación laica y democrática. Vino Belgrano hasta la casa del Cabildo, donde le esperaban sus miembros y el teniente gobernador de la ciudad. El ejército auxiliador del Perú estaba formando cuadro en torno de la plaza. Las familias de Jujuy, que asistieran por la mañana al Tedéum, aguardaban ahora en los balcones de las casas cercanas, para asistir á la nueva escena. La plaza estaba decorada de guirnaldas y de arcos. El pueblo apretábase en las bocacalles y las aceras. Y de todos aquellos pechos viriles volvió á elevarse un vítor resonante, cuando vieron á Belgrano salir del Cabildo con la bandera en su brazo, cruzar la calle silenciosamente, caminar hacia el centro de la plaza y subir á una tribuna, agitando su enseña en alto. Las aclamaciones de la muchedumbre se repitieron entonces. Palmadas y bravos encresparon el aire. Y dominando aquel entusiasmo por el ademán del que necesita silencio, se oyó en el ámbito de la tarde nebulosa que comenzaba á declinar, aquella arenga de Belgrano, que el prócer mismo comunicó después al Triunvirato.

Belgrano tenía la voz velada, pero tal fué aquel día su necesidad de ser oído, y tal en su auditorio el ansia de oírlo, que la voz de su arenga llegó al cuadro de sus soldados, llegó á las damas de las aceras, llegó á la muchedumbre de las esquinas:

“Soldados, hijos dignos de la Patria, camaradas míos: Dos años ha que por primera vez resonó en estas regiones el eco de la libertad y él continúa propagándose hasta por las cavernas más recónditas de los Andes; pues que no es obra de los hombres, sino del Dios Omnipotente que permitió á los Americanos que se nos presentase la ocasión de entrar al goce de nuestros derechos: el 25 de Mayo será glorioso para siempre en los anales de nuestra historia y vosotros tendréis un motivo más de recordarlo, cuando veis en él por primera vez, la bandera nacional en mis manos, que ya os distingue de las demás naciones del globo, sin embargo de los esfuerzos que han hecho los enemigos de la sagrada causa que defendemos, para echarnos cadenas y hacer más pesadas que las que cargaba. Pero esta gloria debemos sostenerla de un modo digno con la unión, la constancia y el exacto cumplimiento de nuestras obligaciones hacia Dios, hacia nuestros hermanos, y hacia nosotros mismos; á fin de que la Patria se goce de abrigar en su seno hijos tan beneméritos, y pueda presentarla á la posteridad como modelos que haya de tener á la vista para conservarla libre de enemigos, en el lleno de su felicidad. Mi corazón rebosa de alegría al observar en vuestros semblantes, que estáis adornados de tan nobles y generosos sentimientos, y que yo no soy más que un jefe á quien vosotros impulsáis con vuestros hechos, con vuestro ardor, con vuestro patriotismo. Sí, os seguiré imitando vuestras acciones y con todo el entusiasmo de que sólo son capaces los hombres libres para sacar á sus hermanos de la opresión. Ea, pues, soldados de la Patria, no olvidéis jamás que nuestra obra es de Dios; que él nos ha concedido esta Bandera, que nos manda que la sostengamos, y que no hay una sola cosa que nos empeñe á mantenerla con el honor y el decoro que le corresponde. Nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros conciudadanos, todos, todos fijan en nosotros la vista y deciden que á vosotros es á quienes corresponderá todo su reconocimiento si continuáis en el camino de la gloria que os habéis abierto. Jurad conmigo ejecutarlo así, y en prueba de ello repetid: ¡Viva la Patria!”

El ¡Viva la Patria! que Belgrano pedía, á la sombra de su propia Bandera, fué contestado por la tropa, y á su voz unióse el coro de las mujeres y los niños, que asistían desde los balcones, y el rugido del pueblo que se apiñaba en las aceras. Aquel clamor brotado unánime de la plaza de Jujuy, como de una boca de la tierra, se concretó después en música heroica, y ascendió desde los pífanos y atabales del ejército hasta subir á las torres de los templos, donde fundido con el repiqueteo de las jubilosas campanas, voló como una ráfaga de gloria hacia las cimas de los Andes tutelares, que almenan y hermosean la ciudad armoniosa del Xivi-Xivi. Las salvas de los cañones saludaban, entretanto, con repetidas descargas, la hora de la tarde, como había saludado, en jornada tan bella, la hora del amanecer.

Entre aquellas enloquecedoras manifestaciones de júbilo popular, Belgrano, siempre con la Bandera en alto, vino á ponerse á la cabeza del pueblo y del ejército, que le acompañaron á depositarla en su casa. Desfiló Belgrano, envuelto en aquella aura de vítores y músicas marciales. Creaba en ese momento, para su propia gloria, la actitud en que habría de verlo la posteridad. Creaba, en aquel momento, para su propia patria, el símbolo con que habría de perpetuarla en los siglos.

«Nuestra sangre derramaremos por esa bandera», exclamaba el pueblo al verla pasar… Pocos meses más tarde, la sangre del juramento fué derramada… Belgrano estaba ante la escena henchido de esperanzada emoción. Él mismo ha narrado la escena en un oficio célebre; y á quien no inventara bandera alguna, ha de excusársele esta simple rapsodia de aquel relato: esta página era necesaria en homenaje á Jujuy, pues fuéle dado á su pueblo, el 25 de Mayo de 1812, ser el protagonista denodado de la heroica escena (1).

NOTA: (1) He seguido para este relato el oficio que Belgrano pasó al gobierno el 29 de mayo de 1812, comunicándole la ceremonia, y me he valido también de algunos datos sueltos del archivo jujeño. Mi relato es, pues, de una veracidad absoluta […] El oficio á que aludimos –al cual acompañaba la arenga– fija de un modo indudable la fecha del primer juramento y su verdadero carácter de ejecutarlo para Jujuy. Ricardo Rojas

Fuentes:
http://www.lagazeta.com.ar/jura_de_la_bandera.htm
– Artículo, extraído del “Archivo Capitular de Jujuy”. Documentos para la Historia Argentina. Publicación dirigida y comentada por Ricardo Rojas. Tomo II. Imprenta de Coni Hermanos. Bs. As., 1913, pág. VII y págs. XIX a XXVI (Arch. Fundación “Dr. Ramón Carrillo”).
– Gentileza de Teresita Carrillo

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Eclipse lunar penumbral del 25 de mayo de 2013:
http://es.wikipedia.org/wiki/Eclipse_lunar_de_mayo_de_2013

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CORÁN –> Sura 75 –> Al-Qiyamah (La Resurrección)
¡En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso!
1. ¡Juro por el día de la Resurrección!
2. ¡Que no! ¡Juro por el alma que se reprocha a sí misma!
3. ¿Cree el hombre que no juntaremos sus huesos?
4. ¡Claro que sí! Somos capaces de recomponer sus dedos.
5. Pero el hombre preferiría continuar viviendo como un libertino.
6. Pregunta: “¿Cuándo será el día de la Resurrección?”
7. Cuando se ofusque la vista,
8. se eclipse la Luna,
9. se reúnan el Sol y la Luna,
10. ese día, el hombre dirá: “Y ¿adónde escapar?”
11. ¡No! ¡No habrá escape!
12. Ese día, el lugar de descanso estará junto a tu Señor.
13. Ese día, ya se le informará al hombre de lo que hizo y de lo que dejó de hacer.
14. ¡Más aún! El hombre testificará contra sí mismo,
15. aun cuando presente sus excusas.
16. No muevas la lengua al recitarlo para precipitarla!
17. ¡Somos Nosotros los encargados de juntarlo y de recitarlo!
18. Y, cuando lo recitemos, ¡sigue la recitación!
19. Luego, a Nosotros nos toca explicarlo.
20. Pero ¡no! En lugar de eso, amáis la vida fugaz
21. y descuidáis la otra vida.
22. Ese día, unos rostros brillarán,
23. mirando a su Señor,
24. mientras que otros, ese día, estarán tristes,
25. pensando que una calamidad les alcance.
26. ¡No! Cuando suba hasta las clavículas,
27. se diga: “¿quién es encantador?”,
28. crea llegado el momento de la separación
29. y se junte una pierna con otra,
30. ese día la marcha será hacia tu Señor.
31. No creyó, ni oró,
32. antes bien, desmintió y se desvió.
33. Luego, se volvió a los suyos con andar altanero.
34. ¡Ay de ti! ¡Ay!
35. ¡Sí! ¡Ay de ti! ¡Ay!
36. ¿Cree el hombre que no van a ocuparse de él?
37. ¿No fue una gota de esperma eyaculada
38. y, luego, un coágulo de sangre? Él lo creó y le dio forma armoniosa.
39. E hizo de él una pareja: varón y hembra.
40. Ese tal ¿no será capaz de devolver la vida a los muertos?

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Viernes 25 de Diciembre de 2015 –> 25/12/2015 = 2+5+1+2+2+0+1+5 = 18 (Arcano Mayor XVIII del Tarot de Marsella, La Luna)

lalunatarot

25/12/2015 = 2+5+1+2+2+0+1+5 = 18 = 1 + 8 = 9 (Arcano Mayor IX del Tarot de Marsella, El Ermitaño)

tarotermitano

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Viernes –> El nombre viernes proviene del latín “Veneris dies”; “día de Venus” (la diosa del amor, la belleza y la fertilidad en la mitología romana; en la mitología griega es Afrodita; en la nórdica se llama Freyja, en inglés viernes se dice “friday”).

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Jesús y Venus –> En el año 326, el Emperador Constantino mandó erigir la Basílica del Santo Sepulcro en el lugar prescrito por la tradición y en el cual estaba erigido el culto pagano a la diosa romana Venus, mandado construir por Adriano hacia el 135.

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Efemérides –> 25 de diciembre de 274: el emperador romano Aureliano dedica un templo al dios Sol Invictus en el tercer día después del solsticio de invierno para conmemorar el renacimiento del Sol.
25 de diciembre de 1223: en Italia, san Francisco de Asís arma el primer pesebre.
25 de diciembre de 1492: en un banco de arena frente a la isla La Española (hoy Haití y República Dominicana) encalla la carabela Santa María en su primer viaje a América; con sus restos se construyó el primer establecimiento español en América, llamado Fuerte Navidad.
25 de diciembre de 1889: en la provincia de Entre Ríos (Argentina) se funda la población de San Salvador, actual centro industrial del arroz argentino.

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Simbolismo de “bandera, estandarte”, libro Diccionario de los Símbolos de Jean Chevalier:

banderaestandarte

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Simbolismo de “planeta”, libro Diccionario de los Símbolos de Jean Chevalier:

planeta

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Simbolismo del “Sol”, libro Diccionario de los Símbolos de Jean Chevalier:

sol0

sol1

sol2

sol3

sol4

sol5

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Simbolismo de la “Luna”, libro Diccionario de los Símbolos de Jean Chevalier:

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luna1

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luna4

luna5

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Simbolismo de “padre”, libro Diccionario de los Símbolos de Jean Chevalier:

padre

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Simbolismo de “madre”, libro Diccionario de los Símbolos de Jean Chevalier:

madre01

madre02

madre03

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Origen de los colores de la bandera:
http://archivo.losandes.com.ar/notas/2012/2/26/bandera-nacional-creacion-colores-626373.asp

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Simbolismo del color “blanco”, libro Diccionario de los Símbolos de Jean Chevalier:

blanco0blanco1

blanco2

blanco3

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Simbolismo del número “trece”, libro Diccionario de los Símbolos de Jean Chevalier:

13——————————————————————

La imagen es de una obra objeto del artista argentino Xul Solar (seudónimo de Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari, 1887–1963), pariente por parte de madre del artista profético Benjamín Solari Parravicini (autor canalizador de profecías).

xul_pan_altar_mundi

La obra en cuestión tiene por título “Pan Altar Mundi” (de 1954). Los espirales/vórtices girando representan el “Yin y Yang”. El de la derecha realiza una rotación “dextrógira” (sentido del reloj), representa: inmigración, reunificación, interiorización, principio pasivo Yin. El de la izquierda realiza una rotación “levógira” (sentido contrario del reloj), representa: emigración, diáspora, exteriorización, principio activo Yang. El Yin y Yang, a grandes rasgos, es considerado como el principio del movimiento perpetuo del universo, la Luna, el Sol, femenino, masculino. Esta dualidad no permanece paralizada, son dos entidades que evolucionan en el tiempo y en el espacio, sucediéndose sin fin. La evolución del Yin y Yang es una noción de relatividad y de ritmo, de energía en los signos opuestos en proporciones variables, sin poder existir uno sin el otro, noción de complementariedad. El Yin contiene la semilla del Yang, y a su vez el Yang contiene la semilla del Yin, lo oscuro y la noche, la luz y el día. La obra alude a ciertos aspectos simbólicos del cristianismo, la astrología y la alquimia. A puertas cerradas, indica con las escaleras que se unen, que al abrirlas (las puertas) hay un camino de ascensión hacia el más allá, desde el inframundo, el plano de la Tierra, el cielo y las almas, las ideas y los idiomas, las estrellas, siendo el broche de oro la bandera argentina con nueva simbología, la media luna con la constelación de la Cruz del Sur y una estrella que quizás represente a Sirio o Venus, en la parte superior TEOSE (Dios), y a sus costados los lemas: Y ORDEN, Y PROGRESO (la bandera de Brasil tiene el lema: “Ordem e Progresso”). Lo de arriba de todo representaría el infinito.

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Banderas de países que tienen el Sol y la Luna juntos:

Bandera de Nepal adoptada el 16 de diciembre de 1962:banderanepal1

Bandera de Mongolia adoptada el 12 de febrero de 1992:banderamongolia1

Bandera de Buriatia adoptada el 29 de octubre de 1992:banderaburyatia

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Profecías de Benjamín Solari Parravicini para Argentina:

04

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